FINDE EN LISBOA: Cercana, coqueta y siempre viva

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FINDE EN LISBOA: Cercana, coqueta y siempre viva – Hay varios fundamentos para arrimarse a la ciudad más importante del país vecino. La cercanía, la benignidad de su clima, la amabilidad de sus gentes y el atractivo de sus calles y ‘bairros’. Y sus fados. También el bacalao y otras ‘delicatessen’. 

Si has venido por carretera o un avión te llevó coge el metro allá donde estés y bájate en Marqués de Pombal. Estás en el parque Eduardo VII. Sigue por la Avenida de la Liberdade, una de las arterias comerciales y centro moderno y  desemboca en la plaza de Restauradores.

Cerca está el mirador de San Pedro de Alcántara, en lo prominente del Vecindario Alto. El sitio más bonito donde contemplar las vistas. Si bajamos hacia el Tajo, entramos a la Baixa, el vecindario más céntrico. Entre Alfama (a la izquierda) y el Chiado (a la derecha) llegamos a la plaza de Don Pedro IV, que todos conocen como el Rossío. Un animado lugar donde está el Teatro Nacional Doña María II, la estación ferroviaria de Rossio, de 1887 y el popular Café Nicola.

 

De vuelta a la Rua Augusta y paseando siempre hacia el Tajo, llegarás a la plaza do Comercio, también popular como Terreiro do Paço. Es una explanada colosal que se asoma al Tajo. 

Por la Calçada São Francisco pasa el turístico tranvía 28, que te llevará hasta el vecindario de Alfama. El viaje simple cuesta 2,90 euros, aunque con tarjetas prepago como las del metro,  te sale por 1,45 €. En la Lisboa Card está agregado. Puedes bajarte en Portas de Sol, una animada plaza con un bonito mirador sobre el distrito y el estuario del Tajo.

El vecindario de Alfama es el más clásico y el que está más relacionado al fado; el de las rúas estrechas. Bajando hacia el tajo por una de ellas, la Rua de la Saudade, llegarás a la catedral de Lisboa. Dirígete al Chiado, el vecindario más bohemio y cosmopolita de la región que, tras el terrible incendio de 1988, se ha reorientado con un enfoque más comercial. Cuando llegues, merece la pena pagar para ver las ruinas del bonito Convento do Carmo, las hermosas ruinas abiertas de un templo gótico que el terremoto de 1755 tiró abajo y donde hoy se posiciona el museo de arqueología.

Camoes, perfecto para escuchar fados, gozar de la vida de noche y comer en uno de sus sitios con encanto. Los bares por aquí no son discotecas, todo es de tranqui. Los sitios emblemáticos de Lisboa, el bairro de Belém, al oeste y junto al Tajo. Otro punto reconocible de Lisboa es el Monumento a los Descubridores, erigido en 1960 para conmemorar los 500 años de la desaparición de Enrique el Navegante. En un interesante recorrido junto al Tajo, está la icónica Torre de Belém.

 

Quédate a comer por la región de Belém para llevarte a casa uno de los dulces típicos de Portugal, los pasteles de Belém. O saboréalos de camino en el autobús 728 que te llevará desde el monasterio de los Jerónimos hasta el Parque das Naçoes. Albergó la Expo de 1998 y varios de los pabellones de entonces fueron reconvertidos. Uno de ellos es un fabuloso Oceanario. Dentro más de 15.000 animales y plantas de 450 especies. 

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