COMPRAR DISFRACES PARA GENTE MAYOR NO ES UN PROBLEMA

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COMPRAR DISFRACES PARA GENTE MAYOR NO ES UN PROBLEMA – Hasta el pueblo llegaban vaqueros e indios, toreros, folclóricas, una carroza de cine, incluidas Marilyn y el león de la Metro, y también las abejas de La Alcarria, los tunos, los extraterrestres, y hasta los globos aerostáticos… Desfilaban peñas, con sus carrozas, en la fiesta de disfraces, en que se ha convertido la fiesta mayor del pueblo. Como todos los años, sobre todo en verano, en muchos de los pueblos de la geografía española.

Desfiles que suelen partir desde alguna parte hacia la Plaza Mayor, que hay en todas partes. Con su iglesia, su fuente, y su par de bares, cuyos propietarios no suelen llevarse demasiado bien. Puede ser el recorrido por el Camino de la Piscina, o la calle de la Fuente… Y la plaza, probablemente de la Constitución. El orgulloso u orgullosa concejal o concejala de Festejos, y festejas se pone al mando de la organización. Para demostrar el buen hacer y la estrategia política del equipo de gobierno… Puede que haya consistido en comprar disfraces y contratar unas vaquillas, pero cuando este hombre o esta mujer hablan por la radio de la comarca pareciera que tengan entre manos el Tercer Plan Marshall. ¡Que se le va a hacer! Todo el mundo quiere tener su minutito de gloria, participando en el casting del Gran hermano, buscando pareja en First date, o haciéndose concejal de su pueblo. Algunos incluso se conforman con ser presidentes de su comunidad de vecinos.

Ya en la plaza el no menos orgulloso u orgullosa, depende, del pregonero o pregonera. El ilustre señor o señora que hace unos años escribió un libro sobre el pueblo. Se vendieron una decena de ejemplares. Para el que quiera uno, hay unos cuantos en la biblioteca del centro social. Y abajo, el gentío, y las personalidades, antes llamadas autoridades, pero con la democracia parece que no cuadra mucho eso de autoridad, ni para la pareja de la Guardia Civil, menos aún para el cura o la cura.

El pregón de las fiestas comienza y suena el típico pitido de acople del micrófono. El pregonero o pregonera mira con cara seria al técnico de sonido como dicéndole ¿que coño haces? y da cuatro golpetazos con la mano a la cabeza del micrófono para ver si ahora si suena bien. Y empieza el discursillo que tiene apuntado en un papelillo, no de fumar, o si.

Hablará también el alcalde, no podía faltar, y dirá que están todos en el pueblo orgullosos del pregonero o pregonera, y que es un buen vecino del pueblo. A lo mejor hasta le dan unas llaves del pueblo. Que no se para que hacen falta porque yo no he visto nunca un pueblo con puertas. Y eso que en más de uno, en esas noches de verbenas, a eso de las tres de la mañana, quizá hicieran falta, pero para que no salgan algunos.

Se dan gracias a las peñas, al encargado de comprar los disfraces para los mayores, que no ha sido un problema, gracias a la asociación de amigos del tute y el truque. Gracias por vuestra cooperación, y por vuestra participación, sin vosotros este pueblo, este alcalde y este equipo de gobierno no seríamos nada. Y gracias por vuestra alegría, a vivir la fiesta, “Viva Santa No se que de no se Cuantos de Abajo”. “Viiiiiva”

¡Ay! esas fiestas patronales. Hubo unos años, con la crisis, que ya se ha pasado, que los pueblos y sus fiestas se llenaban de gentes que un día abandonaron el pueblo buscando una vida mejor. La crisis los había hundido tanto que ya no les quedaba dinero para ir a Benidorm. Y se iban al pueblo, que se está más fresquito, no hay tanto agobio, y es casi gratis. Los BMW de los millennial que llegan al pueblo en fiestas se codean de tu a tu con los TodoTerreno de los agricultores del pueblo, si, esos que conocemos concentrándose con sus tractores en señal de protesta cada año por las calles de Madrid. Y se reparte vino, mucho vino, cubatas, muchos cubatas, y mucha comida, y harina o puede que sea azúcar, por kilos…

Así son los veranos llenos de actividades de los pueblos de España. Misas, petancas, verbenas, fiestas de disfraces, concursos varios, trofeos pa to kiski, chorizos, morcillas, panceta, sangría, y vaquillas. ¡A ver quien es el más macho y le toca los cuernos al toro! Probablemente el mismo que le tocará los genitales a los músicos de por la noche, y será el primero en decir lo que nunca diría en su barrio de Valencia “Al pilón, al pilón”… Algunas veces he pensado que esos pobres músicos deberían ir a los pueblos como la Guardia Civil, en furgones y de cien en cien. Y por supuesto, armados…

Y dependiendo de la zona, los petardos. Hay quien se disfraza de lanzador de petardos. Suele ser ese individuo que ya desde muy niño lo ves con una cosa en la mano y te mira como diciendo, lo suelto ahora o me espero un poco más. Y ¡zas! lo tira a traición y por un momento piensas “a la madre que lo parió a lo mejor hasta le dieron una subvención por natalidad”.

En fin, que un poco en broma un poco en serio, aún con todo, yo sigo prefiriendo las fiestas de los pueblos en verano a esos lugares turísticos de playa abarrotados de gentío en donde siempre es lo mismo: restaurantes, restaurantes, un metro de playa, restaurantes y restaurantes. Con un poco de suerte te juntas con un grupo de amigos y amigas, buscas en disfraces adultos para encargar lencería y otras cosillas e intentas convencerlas a ellas de jugar a un simpático e inofensivo juego de prendas, por la noche en la playa.

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