CONTENIDOS
Qué pasaría si el tiempo no fuera lo que creemos: el CERN, Penrose y el universo que se repite
La respuesta corta, antes de cualquier matiz, es que la física moderna lleva décadas acumulando evidencias de que el tiempo no fluye; simplemente existe, como existe el espacio. Lo que percibimos como «pasado» y «futuro» podría ser solo la posición relativa de un observador dentro de una estructura cuatridimensional completamente estática. Y lo que el CERN destruye en billonésimas de segundo, Roger Penrose lo había predicho décadas antes: el tiempo no fluye, se repite.
¿El tiempo existe o es solo una ilusión?
La pregunta no es nueva, pero la física del siglo XXI la ha reformulado con una crudeza difícil de eludir. Einstein, al consolar a la familia de su amigo Michele Besso poco antes de morir, escribió: «La distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente.» No era una metáfora poética. Era la consecuencia directa de la relatividad especial, donde el orden temporal entre dos eventos puede cambiar dependiendo del estado de movimiento del observador.
Desde ese marco, el tiempo no desaparece sino que se geometriza: se convierte en una dimensión más del espacio-tiempo cuatridimensional, y ningún instante es más «real» que otro. Lo que el cerebro experimenta como el instante presente no sería más que el corte transversal de una geometría que ya contiene todo lo que llamamos antes y después. La física no tiene herramientas para explicar por qué ese corte avanza. Ese silencio es precisamente lo que hace la pregunta tan incómoda.
¿Qué dice Roger Penrose sobre el tiempo y el universo?
Penrose es, junto con Hawking, el cosmólogo teórico más influyente de la segunda mitad del siglo XX. Y su posición sobre el tiempo es radicalmente heterodoxa dentro de la ortodoxia cosmológica. Para Penrose, el problema central no es la velocidad del tiempo sino su dirección: por qué el universo nació con una entropía extraordinariamente baja y por qué esa entropía crece siempre en la misma dirección. Su respuesta es la Cosmología Cíclica Conforme, conocida por sus siglas en inglés como CCC (Conformal Cyclic Cosmology), que desarrolla en detalle en Los ciclos del tiempo, la obra donde Penrose desarrolla esta teoría en detalle.
¿Qué dice Roger Penrose sobre el tiempo y el universo? Penrose argumenta que el Big Bang no fue el comienzo absoluto de la existencia, sino el inicio de un ciclo dentro de una cadena potencialmente infinita. Cada ciclo —denominado «eón»— comienza con un Big Bang y termina en una expansión eterna y fría donde la materia masiva deja de existir. En ese estado final, cuando solo quedan fotones sin masa, la escala de tiempo y la escala de distancia pierden su sentido físico: el universo se vuelve invariante bajo transformaciones conformes. Y es precisamente ahí donde Penrose ejecuta su jugada más audaz: ese futuro infinito y frío es matemáticamente equivalente, tras un «rescalado conforme», a la singularidad caliente y densa de un nuevo Big Bang. El final de un universo es literalmente el nacimiento del siguiente.
¿Qué es la cosmología cíclica conforme?
La teoría de la cosmología cíclica conforme de Roger Penrose no es ciencia ficción ni misticismo cuantificado. Tiene predicciones observacionales concretas, aunque controvertidas. La más relevante es la existencia de lo que Penrose llama «puntos de Hawking»: anillos concéntricos de variación anómala en la temperatura del Fondo Cósmico de Microondas (CMB), que serían la huella impresa por la colisión de agujeros negros supermasivos del eón anterior. Penrose y sus colaboradores afirman haber identificado indicios de estos anillos; una parte significativa de la comunidad cosmológica los atribuye a artefactos estadísticos.
Lo que la CCC defiende, con independencia de ese debate, es profundamente perturbador para la física estándar: el tiempo no es una línea que va del pasado al futuro, sino una geometría que se cierra sobre sí misma. Cada eón hereda la estructura del anterior. En ese sentido, el tiempo no fluye: se reconfigura. No hay un «antes del universo» porque el universo siempre ha existido en alguna de sus formas cíclicas.
¿Qué está descubriendo el CERN ahora mismo?
El CERN acumuló en 2025 una serie de hallazgos que, tomados en conjunto, no son solo avances técnicos en física de partículas: son datos empíricos que obligan a revisar cómo la materia y el tiempo se relacionan en las escalas más pequeñas. El más llamativo fue la confirmación del toponium: en marzo de 2024 el experimento CMS lo detectó por primera vez, y en julio de 2025 el experimento ATLAS lo confirmó de forma independiente, con una certeza estadística superior a 5 sigma —el umbral oficial para hablar de descubrimiento en física de partículas.
El toponium no es una partícula en el sentido convencional, sino una resonancia cuántica: el estado cuasi ligado de un quark top y un antiquark top que coexisten durante apenas 2.3 × 10⁻²⁵ segundos antes de desintegrarse. Su tiempo de vida es el más corto jamás observado. Había sido predicho en 1990, antes incluso del descubrimiento del quark top, lo que convierte su confirmación en una vindicación de décadas de teoría. Su tamaño —apenas 1.5 × 10⁻¹⁷ metros, unas 60 veces menor que un protón— lo sitúa en una escala donde el tiempo, en el sentido ordinario de la palabra, simplemente no existe.
Pero el CERN fue más lejos. El experimento LHCb confirmó en julio de 2025, con datos de colisiones protón-protón, la primera violación de simetría carga-paridad (CP) observada en bariones: las partículas que componen la materia ordinaria no se comportan igual que su equivalente de antimateria. Este fenómeno, predicho en los años 60, estaba en el núcleo de la pregunta cosmológica más básica: ¿por qué el universo está hecho de materia y no de antimateria en proporciones iguales? La respuesta, que la asimetría es real y medible, tiene implicaciones directas para cualquier teoría del origen cíclico del universo.
¿Qué está descubriendo el CERN ahora mismo, más allá de las colisiones? El experimento BASE —dedicado al estudio de antiprotones— logró en julio de 2025 crear el primer qubit de antimateria: un antiprotón mantenido en superposición cuántica durante casi 60 segundos. Para conseguirlo tuvieron que enfriarlo a menos de 200 milikelvin. El resultado práctico es que ahora pueden medir las propiedades del antiprotón con una precisión entre 10 y 100 veces superior a la anterior. Si las propiedades resultan idénticas a las del protón ordinario, habrá que revisar la asimetría de fondo del universo. Si difieren, habrá que revisar prácticamente todo.
¿Pueden pasado, presente y futuro existir simultáneamente?
La respuesta que da la física relativista es sí, con matices. El llamado bloque universo —también conocido como eternalismo— es la interpretación ontológica que se deriva directamente de la relatividad especial. En este marco, el espacio-tiempo es una estructura cuatridimensional estática donde todos los eventos, pasados y futuros, coexisten con el mismo estatus ontológico. Lo que cambia de un observador a otro no es la realidad de los eventos sino el orden en que los perciben.
¿Pueden pasado, presente y futuro existir simultáneamente? Desde el universo de bloque, la respuesta es que el pasado y el futuro no «ocurren» en secuencia: ya existen, están ahí, incorporados en la geometría del espacio-tiempo, y lo que llamamos «presente» es solo la coordenada en la que cada conciencia está situada. La relatividad de la simultaneidad —el hecho de que dos observadores en movimiento relativo no coincidan en qué eventos son simultáneos— es el argumento más sólido en favor de este modelo: si el «ahora» varía según el observador, el «ahora» no puede ser una propiedad objetiva de la realidad, sino una perspectiva local. Si quieres entender cómo la física moderna redefine el tiempo con una prosa de rara claridad, el libro de Carlo Rovelli El orden del tiempo es posiblemente el punto de entrada más accesible a este debate.
¿Cómo explica la física cuántica la conciencia?
La hipótesis Orch OR de Penrose y Hameroff sobre la conciencia cuántica es el intento más ambicioso —y más polémico— de conectar la experiencia subjetiva del tiempo con la física fundamental. Su premisa central es que la conciencia no emerge de procesos computacionales clásicos en el cerebro, sino de colapsos cuánticos coordinados en los microtúbulos de las neuronas.
¿Cómo explica la física cuántica la conciencia? Penrose parte de un argumento lógico: si los procesos mentales fueran puramente computacionales, serían reducibles a algoritmos, y sin embargo la intuición matemática humana parece capaz de reconocer verdades que ningún sistema formal puede demostrar a partir de sus propios axiomas —el teorema de incompletitud de Gödel como trasfondo implícito. Su solución es buscar un nivel de procesamiento que escape al determinismo clásico sin caer en el ruido aleatorio de la mecánica cuántica estándar: la «reducción objetiva orquestada» (Orch OR), un colapso de la función de onda que no sería ni determinista ni aleatorio, sino algo más parecido a una elección geométrica en el tejido del espacio-tiempo. Los microtúbulos actuarían como el sustrato físico donde esta reducción se organiza colectivamente, y su colapso coordinado generaría lo que experimentamos como el instante consciente. Un estudio de octubre de 2025 ha aportado nuevos indicios experimentales que respaldan la coherencia cuántica en estructuras biológicas compatibles con la hipótesis.
Si el tiempo no existe, ¿por qué lo sentimos pasar?
Esta es la pregunta más difícil, precisamente porque no tiene respuesta en el plano de la física pura. La termodinámica ofrece el mejor candidato: la flecha del tiempo no es una propiedad del espacio-tiempo, sino una propiedad estadística de los sistemas macroscópicos. Las leyes fundamentales de la física —la mecánica clásica, la relatividad, la mecánica cuántica— son simétricas en el tiempo: funcionan igual hacia adelante que hacia atrás. La asimetría aparece solo cuando se trabaja con sistemas de muchos componentes y se introduce la entropía. El segundo principio de la termodinámica afirma que en sistemas aislados la entropía siempre crece; esa dirección preferida es lo que percibimos como «el tiempo que pasa».
Si el tiempo no existe, ¿por qué lo sentimos pasar? Porque somos máquinas de baja entropía dentro de un universo que se dirige hacia la alta entropía, y nuestro sistema nervioso registra la diferencia entre estados de desorden creciente como memoria y como anticipación. No «vemos» el tiempo: vemos la diferencia de entropía entre el estado de un sistema en un instante y su estado en el instante siguiente. La Orch OR de Penrose añade una capa a esto: cada colapso cuántico en los microtúbulos generaría un instante discreto de conciencia, y la sucesión de esos colapsos sería lo que el cerebro interpreta como flujo temporal. El tiempo sería, en esta lectura, el latido cuántico de la conciencia, no una propiedad del universo.

El puente entre el LHC y la CCC
El ángulo que la mayoría de la divulgación científica en español pasa por alto es este: los experimentos del LHC del CERN que cambiaron nuestra comprensión del universo en 2025 no son datos aislados. El toponium —con su tiempo de vida de 2.3 × 10⁻²⁵ segundos— es literalmente la demostración empírica de que existen estados físicos en los que el tiempo no tiene estructura causal ni secuencial. Su existencia colapsa en la misma escala temporal en la que se forma. La asimetría CP confirmada en bariones ofrece la primera explicación experimental de por qué el universo tiene la asimetría de materia que la CCC necesita para funcionar: si materia y antimateria fueran perfectamente simétricas, no habría masa residual en el eón final, y la transición conforme al siguiente Big Bang no podría ocurrir en los términos que Penrose propone.
El qubit de antimateria del experimento BASE va aún más lejos: al mantener un antiprotón en superposición cuántica durante 60 segundos, los físicos están creando una ventana de medición donde las propiedades fundamentales de la antimateria pueden compararse con las de la materia con una precisión sin precedentes. Si hay alguna diferencia en el momento magnético del antiprotón respecto al del protón —algo que la simetría CPT del Modelo Estándar prohíbe— la física deberá revisar sus fundamentos de forma aún más radical que cuando se detectó la expansión acelerada del universo. Y Penrose, que lleva décadas argumentando que el Modelo Estándar necesita ser trascendido, podría encontrar en esos datos la evidencia indirecta más poderosa de que los eones existen y de que la asimetría fundamental del universo tiene una historia que se extiende más allá del Big Bang que conocemos.
Para observar con tus propios ojos el cosmos que Penrose describe, algunos telescopios para aficionados permiten ya acceder a las estructuras a gran escala que los datos del CMB están revelando. Pero la verdadera frontera está en Ginebra, enterrada a cien metros de profundidad, donde en un anillo de 27 kilómetros de circunferencia, el tiempo más corto jamás medido y las predicciones de un Nobel de física octogenario se cruzan con una precisión que, por el momento, sigue siendo incómoda para ambos lados.